
Amo al pueblo donde he nacido
tierra del árbol de las flores blancas,
donde las ilusiones que he vivido
tomaron el color de la naranja.
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No tiene sierras, no tiene montañas
pero en su paisaje ribereño,
juegan en arenosas playas doradas
un trío de arena, agua y viento.
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Y más allá de estos espacios
se alzan imponentes barrancos,
cual esculturas de singular calado,
por reflejos de sol esmaltados...
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Más lejos se extienden sus campos,
donde dos Colonias, lucen sus sembrados,
circundados a lo largo y ancho
por el árbol del fruto más preciado.
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Este es mi querido terruño
que va creciendo en sus esperanzas,
a quien un día con todo orgullo
el nombre de ¡Bella Vista! se le daba.


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